El amor en familia: necesidad urgente y verdad perogrullesca

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por helenanoval@yahoo.com.mx
Publicado en Círculo M

1.
La semana pasada, escuchando una conferencia del Sr. Obispo de Cuernavaca, Ramón Castro y Castro, en el Colegio Discovery, me llamó la atención la manera en la que el discurso nos fue abriendo las entendederas -y el corazón- a todos.  ¿Seríamos unas 300 personas las que por la magia de la palabra -¡ay, el arte de la retórica, que ya no se enseña en las escuelas!- fuimos cayendo en la cuenta de que la solución para la problemática social que nos aqueja reside precisamente en nosotros?

Resulta que su visión historicista (y por lo tanto posmoderna) de los tiempos que vivimos nos hizo comprobar que necesitamos nutrir el amor en familia. Cuando dijo que la solución no está en el Mando Único, o en el ejército controlando las calles, sino en la actitud de unos para con otros, se los juro que se oyó un suspiro contenido, los cuerpos acomodados en las sillas rentadas se aflojaron, se reanimó la esperanza colectiva de que mejore el clima de desconsuelo que ya nos ha envenenado bastante. Vimos la luz.

¿Se oye como una obviedad esto del amor en familia? Lo es, es verdad perogrullesca, lo trágico es precisamente que solemos olvidar lo obvio en favor de las complejidades.

2.
Centrado en la noción de “familia”, el religioso analizó no sólo la “época de cambios” que nos toca, sino el hecho de que vivimos un “cambio de época” que incluye crisis de las instituciones conocidas, una de ellas la familia, fundamento de la sociedad. “Al hombre se le ha humillado biológica, psicológica y cosmológicamente”, dijo, para recordar que el ser humano no es el rey de la creación, que somos casi iguales al cerdo en términos genéticos y que tenemos un inconsciente actuando todo el tiempo, lo cual destrona a la razón como determinante de nuestra conducta y decisiones.

Si a esto le añadimos la fuerza del ateísmo, como resultado del intelectualísimo de nuestra época y peor que eso, el agnosticismo que nos caracteriza (no creemos en nada), más la dictadura del relativismo, llegamos a las problemáticas actuales: la creencia de que el amor no existe, el matrimonio es un simple contrato, el padre es un proveedor y la promiscuidad es expresión de modernidad.

¿Qué se puede hacer sobre este marco referencial? El obispo quiso destacar que hay que cuestionar este estado de cosas a partir de la noción de esperanza. ¿Se puede volver a creer en el amor entre la gente, se puede restaurar la confianza en el ser humano? ¿Vale la pena la familia?

Para el estupendo orador el proyecto de vida, la voluntad de estar juntos y el amor como servicio y protección de la vida deben superar a las emociones que llevan a las parejas a separarse, pues por definición éstas, las emociones, suelen ser pasajeras. Es parte del posmodernismo el usar y desechar.

Lo más importante de todo, dijo insistiendo en la importancia del rescate de las practicas colectivas en familia, es la paz que genera la contundencia del amor. Y educar en amor sólo puede darse en y desde el núcleo familiar. No hay más. ¿Usted qué opina?. FIN

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