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¡Encontrar en qué entusiasmarnos!

Enviado por Ricardo Roth – Soporte de Colaboranet y exalumno invitado a la gradución de 12vo. 2014.

Miss Carmen! fue un gran placer, desde tiempo atrás tenía ganas de contar la historia, gracias por la oportunidad!😉

Hace 23 años estaba yo sentado como ustedes en este mismo patio, graduándome de primaria.
Recuerdo con mucho cariño estos espacios, que hoy están asombrosamente cambiados, y es un gran honor haber sido invitado a compartir unas palabras con ustedes.

Yo cuando me gradué de prepa ya venía encarrerado para estudiar ingeniería porque mi padre me había enseñado a programar desde que estaba en 4to de primaria, y yo encontraba muy divertido ponerme a inventar aplicaciones, si, si era bastante geek. Mi sueño era trabajar en Yahoo y hacer mucho dinero. (en ese entonces no existía google y Yahoo estaba de moda).

Pero justamente durante las vacaciones después de graduarme de prepa, tuve una experiencia que le dio un giro a la visión de mi futuro.

Paseaba por el zócalo de Cuernavaca cuando escuche a lo lejos una música de tambores que me hizo acercarme, y encontrarme con un grupo de jóvenes como de mi edad tocando y bailando de una manera que me erizó la piel… Desprendían una energía tan contagiosa que me hizo bailar también, o mas bien brincotear al ritmo como podía… y no paré hasta que terminaron de tocar… habrá pasado como una hora de brincar y brincar, y al acabar me quedó una sonrisa que me duró el resto del día, y una sensación totalmente nueva para mi.

Ese día inició mi pasión por la música y la danza africana, y mi atracción por estilos de vida alternativos como el que esos jóvenes tenían.

Poco después comencé la carrera de ingeniería electrónica, y me compré un tambor que tocaba por las tardes.

Comenzó como un hobby pero se fue haciendo cada vez más y más apasionante para mi. Recuerdo que decía que ya más bien me dedicaría a tocar el Djembe, y que lo que haría de hobby seria la ingeniería.

Haber aprendido a programar desde niño me permitió después negociar una beca en la prepa del tec de monterrey a cambio de trabajar en el centro de cómputo, donde me dieron la tarea de programar una pagina para que los alumnos pudieran consultar sus calificaciones en línea.
Tocar el tambor me fue abriendo nuevos mundos, y empecé a conectar con nuevos amigos con intereses artísticos, y acabé entusiasmando también por la fotografía, el malabarismo y la guitarra.
Egresé de ingeniería con mención honorífica, pero me resistía a buscar trabajo, lo que quería era viajar por todo México en mi Chevy y hacer fotos en blanco y negro con cámara de rollo y revelarlas en mi propio cuarto oscuro.

Hice esto por seis meses, y lo estaba disfrutando mucho cuándo Un día recibí una mail invitándome a una entrevista en una compañía de consultoría de prestigio. Uno de mis amigos de la generación de arriba ya trabajaba ahí y me había recomendado.

Llegué a mi entrevista a una torre en el pedregal, y me hicieron una oferta muy difícil de rechazar, así que deje el viaje por México a la mitad y me presenté a mi primer día como consultor en sistemas.
Me recibieron con un desayuno, una laptop nueva para llevar a casa, una American Express, un excelente sueldo y hasta un cheque de bienvenida para que no anduviera en ceros hasta la primera quincena.

Todo esto parecía un sueño de éxito, pero para mi se convirtió rápidamente en un sueño vacío porque ya no me estaba dejando tiempo para tocar el tambor, malabarear y hacer foto ! Los gerentes esperaban que trabajáramos como ellos 10, 11 o 12 horas diarias. Mis colegas lo aceptaban sin cuestionar a cambio de altos sueldos, prestaciones y promesas de ascensos, pero para mi no tenía sentido ganar tanto dinero si no podía tener la satisfacción de tocar.

El trabajo me gustaba mucho, pero el camino del arte se revelaba cada vez más gratificante. Sentía que traicionaba mi corazón pasando tanto tiempo en una oficina.

Me encontraba entre dos mundos. Entre semana de traje en el pedregal, comiendo en restaurantes caros con mis colegas, y los domingos conviviendo con otros malabaristas y percusionistas que habían elegido no tener un empleo y que se reunían para compartir trucos y ritmos.

Un día me sentí inspirado a vivir la experiencia de malabarear en un semáforo y pedir dinero. Esto fue de lo más emocionante. Empecé a recibir monedas y me parecía la mayor aventura de mi vida ganar dinero de esta forma. Me divertía mucho encontrar los trucos más adecuados para maximizar mi ingreso, y la mejor manera de acercarme después para pedir las monedas. Fui aprendiendo por ejemplo que los coches más lujosos hacían como que no existía cuando pasaba a su lado, y los carros modestos normalmente si me daban o al menos me miraban y me decían “no tengo” con una sonrisa.
Después de una hora regresé a casa, conté un tesoro que por primera vez había ganado realmente sudando con el sudor de mi frente, hice algunos cálculos, y concluí con algo de optimismo que a ese ritmo si malabareaba 8 horas diarias, podría ganar casi lo mismo que en la empresa.

Decidí renunciar…

Ya se imaginaran lo que pensaron mis padres. Fue una decisión bastante difícil, pero me lancé al vacío con la ilusión de inventarme un trabajo mejor, que me permitiera tocar, malabarear y hasta viajar a África para aprender más percusión y danza.

Sin pensarle mucho, me pareció que lo que había hecho antes de poner una página para ver calificaciones por internet podría interesarle a muchas escuelas.

Así nació miBoleta.com que fue el primer nombre de lo que ustedes conocen como Colaboranet.

Yo estaba seguro de que sería un exitazo en cuestión de meses, pero pronto me enfrente con que las escuelas estaban todas entre no tomar mis llamadas, o no entender lo que les ofrecía. Me contestaban por ejemplo, “no gracias, ya tenemos una página web”, y me colgaban el teléfono. El internet apenas estaba comenzando a tomar auge en esa época.

Un día sin embargo me acerqué a un colegio que si estaba preparado para innovar. Miss Diana Ramos me recibió con los brazos abiertos y toda la disposición de escuchar la propuesta.
Desde que entré al colegio recordé los espacios de mi primaria, me dio mucha emoción ver aun aquí a mis maestras, nos saludamos con afecto, y me sentí en familia.

Le mostré a Miss Diana una plataforma muy rudimentaria… apenas funcionaba, pero ella confió en mi y le entusiasmó la idea.. Acepto contratarlo en ese mismo momento, y yo regresé a casa hinchado de felicidad por mi primer cliente. Hasta el día de hoy me sorprende el entusiasmo de Miss Diana por la innovación, y de como la ha sabido incorporar a Discovery en varios aspectos.

No es una cualidad que me haya encontrado en muchos directores de escuela, y he conocido a muchos. Me parece que es lo que hace que esta escuela sea tan especial. Gracias Miss Diana y a todo el equipo de Discovery por poner tanto cariño en su trabajo.

Desde entonces han pasado 11 años. Hoy en día Colaboranet es usado por más de cien colegios, y le da empleo a varias personas que como yo, pueden trabajar desde sus casas y con horario flexible.

He pasado por varias aventuras, viajes, bandas de música, escenarios, y ahora vivo en la playa con mi esposa e hija, me encanta estar a cargo de Colaboranet, y sigo haciendo música diario. Lo del semáforo dejé de hacerlo…. A lo largo de mi experiencia he forjado una convicción que quiero compartir con ustedes antes de despedirme.

Entre menos dinero creas necesitar, mayor libertad tendrás para decidir el rumbo de tu vida. Hay que vivir con austeridad.

Hubiera sido sencillo por ejemplo sacar un buen coche a pagos con mi sueldo alto, pero de haber hecho esto no me habría podido permitir saltar al vacío y abandonar el ingreso seguro.

El sistema económico en que vivimos nos envuelve con la noción de que necesitamos mucho, pero si te enfocas en nutrir tu espíritu y tu corazón, lo material se vuelve superfluo.

Los primeros 2 años prácticamente mis ingresos con Colaboranet eran de un salario mínimo, sin embargo sentía que mientras tocara el tambor y me expresara en el arte no me hacía falta nada.

En 3er año de Colaboranet hice un viaje a Guinea Conakry durante algunos meses para ver si se me pegaba un poco de la forma de tocar de los africanos. (Desde ahí continuaba al pendiente de Colaboranet desde un Cyber).

En Guinea se reafirmó mi idea sobre la austeridad. Me impactó mucho el tamaño de la sonrisa de la gente. Poseen muy pocos bienes materiales, pero bailan, cantan y se les percibe auténticamente felices.

Al salir de Conakry pasé algunos días en París, y ahí encontré lo opuesto. Me consternó ver tanta riqueza y tan pocas sonrisas auténticas. Vivir este contraste tan fuerte cambió para siempre la manera como percibo el llamado primer mundo, y su empeño en promover los lujos y comodidades.

Charles Kinksley dijo: Actuamos como si el lujo y la comodidad fueran lo más importante en la vida, cuando lo único que necesitamos para ser realmente felices es algo por lo cual entusiasmarnos.

Gracias Miss Carmen Ceñal por invitarme, y a ustedes por su atención. Les deseo mucha felicidad a todos, y que siempre logren elegir los caminos donde su corazón lata con más fuerza.

Saludos,
Ricardo Roth
Soporte de Colaboranet

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