esfuerzo, educar en la adversidad

Enviado por Miss Diana Ramos – Directora General

Es común que los padres quieran dar a los hijos una vida cómoda y evitarles probelmas o sinsabores. Más aún, hay muchos que cometan “ no quiero que mi hijo sufra lo que yo sufrí”, o “no quiero que a mi hijo le haga falta nada de lo que me faltó a mi” Esto en vez de ayudarlos a madurar y estar preparado para enfrentar cualquier adversidad los convertirá en adultos insatisfechos, inseguros e infelices.

Otra idea errónea es que muchos padres creen que si exigen mucho a sus hijos, los hacen esforzarse y sufrir para conseguir por ellos mismos un logro, ellos dejarán de quererlos.

La vida actual “ light” en donde se dice que puedes “bajar de peso sin esfuerzo”, “aprender un idioma en dos semanas” etc. está totalmente fuera de la realidad. Todo lo que vale cuesta y si no preguntémosle a los abuelos, que muchos de ellos vivieron situaciones muy adversas, guerras, carencias y en base a su esfuerzo y sacrificio lograron salir adelante muy exitosamente.

Hay que valorar la satisfacción que da el esfuerzo al conseguir una meta planteada, al estudiar y aprobar los exámenes, al entrenar y ganar una medalla.

Si no enseñamos a nuestros hijos a esforzarse desde pequeños, cuando sean jóvenes o adultos no estarán capacitados o fortalecidos para enfrentar situaciones que les supongan esfuerzo, y como consecuencia se sentirán inseguros, insatisfechos y temerosos.

¿Que podemos hacer para educarlos frente a la adversidad y lograr su seguridad y plenitud?
Fernando Sarráis doctor en medicina por la Universidad de Navarra y especialista en psiquiatría nos recomienda lo siguiente:

1.«El que algo quiere algo le cuesta». La buena educación ha de costar a formador y formado. No se debe tener miedo a hacer sufrir al educar, pues el cariño impide que se convierta en un trauma psicológico.

2.El mejor educador es el ejemplo. Se debe realizar la acción que se pretende que aprendan los hijos delante de ellos. No es suficiente un exceso de repetición oral para que lo asimilen.

3.Enseñar en libertad. En la educación de una personalidad madura es esencial enseñar a ser libre, con la responsabilidad que supone recibir un premio o castigo como consecuencia de la propia conducta libre.

4.Aprender a poner buena cara al mal tiempo. Uno de los capítulos más difíciles de aprender del libro de la vida es “sufrir con alegría”. Sin este aprendizaje las personas suelen vivir, comportarse y pensar para “evitar” el miedo a cualquier sufrimiento. Esto impide que las personas aspiren a grandes objetivos en la vida.

5.Voluntad y constancia. Es necesario plantear modelos atractivos de modos de ser, pues si una persona quiere ser de una manera, tendrá la fuerza y constancia para poner los medios necesarios para lograrlo: querer es poder.

6.«O vives como piensas o acabas pensando como vives». La conducta tiene una fuerza educativa o transformadora muy poderosa. Una manera de lograrlo es que el educador y el educando lo hagan juntos.

7.Educar más con la cabeza que con el corazón. Enseñar es una tarea más de la razón que de la afectividad.

8.La unión hace la fuerza. El padre y la madre deben llegar a un acuerdo a la hora de educar, establecer límites y no desautorizarse entre sí, sino comunicarse para evitar las diferencias educativas en los temas capitales.

9.No tirar la toalla cuando parece que no se consiguen los objetivos educativos deseados, ya aparecerán más adelante. No hay que cansarse de dar buen ejemplo.

10.Exigir con amor. Los hijos no se trauman tanto por la excesiva exigencia si se sienten queridos.

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