Mamá… ¿me lo compras?

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¿Qué hacer si tu hijo adolescente te pide un Smartphone?

Pablo García Blanco – 2015 artículo de interaxiongroup.org

El libro “Decir no” de Asha Phillips expone una serie de ideas sobre la importancia de saber dar negativas a los hijos en sus distintas etapas de maduración y desarrollo. A continuación les presentamos un texto influenciado por la lectura de ese libro, que esperamos por lo menos que haga pensar al lector.

Todos dependemos de los demás. Todos. Desde que nacemos –cuántas veces nos han cambiado los pañales, nos han dado de comer, nos han llevado de un lado a otro…– hasta que nos muramos –sin ponerse trágicos, pero también entonces deberán elegir por nosotros el tipo de sepultura, el ataúd, dónde será el velatorio…–. Durante toda su vida, el ser humano depende en mayor medida de los que están a su alrededor.

Vayamos a la pregunta inicial. “¿Me lo compras?” ¿Quién no ha preguntado esto alguna vez a sus padres? O a algún hermano, primo, abuelo, incluso a un amigo. Claramente, los adultos –en general, personas que ya tienen conciencia de quién son realmente, de sus capacidades y también de sus limitaciones–, los adultos, decía, no necesitan pedir permiso para comprarse aquello que desean, salvo excepciones, como por ejemplo un marido que desea comprarse un nuevo coche pero su esposa le recuerda que tiene una serie de obligaciones que le impiden cumplir ese deseo, como alimentar a la familia o pagar una hipoteca. Parece como si nuestra capacidad de hacer lo que deseamos disminuyese de manera proporcional con la cantidad de responsabilidad que vamos adquiriendo. ¿Quién no desearía unas vacaciones en las islas Fiji con todos los gastos pagados en vez de una intensa semana de trabajo en la oficina? Todos desearíamos algo así. Pero no todos podemos permitírnoslo. Lo mismo ocurre con un niño que pasea por la calle y se acerca al escaparate de una tienda de juguetes: desearía comprar todos los juguetes. Es papel de papá y mamá explicarle la diferencia entre el deseo y la responsabilidad. Y para eso una de las palabras que deberá usar será un sonoro, rotundo y a veces desagradable “no”.

La literatura, el cine, la historia misma, están plagados del ejemplo estereotipado de los padres que dan a su hijo todo lo que quiere y ese niño se convierte en un ser repelente y egoísta. Si bien muchas veces son ejemplos extremos y caricaturizados, hay que recordar que la caricatura es una exageración de un rasgo real de la persona, por lo que algo de verdad hay en esa relación causa-efecto: si siempre damos a un niño todo lo que desea, acabará convirtiéndose en lo que el vocabulario de la sociedad llama un niño mimado.

Hace unos años hablando con un profesor de educación primaria me decía: “llevo varios años hablando con los padres de mis alumnos sobre la importancia de formar en la sobriedad, y me sorprendía su capacidad de no darse cuenta que estaban malcriando a sus hijos. Ahora que soy padre, me doy cuenta de lo difícil que resulta decir que no…”

No. Dos letras. Las repetiré: no. Esta simple y llana palabra está cargada de significado, y conlleva unas consecuencias muy arriesgadas: “es que se va a pensar que no le quiero”, “es que si no le dejo se va a enfadar conmigo”, “es que si no le compro eso voy a quedar como una madre –un padre– que parece que no sé controlar al niño porque llora”, “es que van a pensar que soy muy duro”…

Supongamos que unos padres tienen un hijo de 10 años. Llamémosle Dani. Uno de los mejores amigos de Dani es Rafa, y un día trae al cole su nuevo Smartphone –a escondidas, por supuesto: en su cole a los alumnos no les está permitido sacar el móvil ni en el recreo–. Automáticamente se convierte en la genial porque tiene un Smartphone. Poco a poco, ya no solo es Rafa, sino Juan, Carlos y David los que llevan su móvil al colegio. Y es que es un regalo de cumpleaños perfecto para ellos, o por lo menos así han pensado sus padres. Dani también quiere un móvil, y así se lo hace saber a sus padres. Como no es nada tonto, aprovecha el momento tranquilo de la noche, cuando sus padres están más relajados. Veamos las distintas reacciones:

-Papá, mamá: ¿puedo hablar con vosotros?

-Claro hijo –responde la madre– ¿qué ocurre?

-Dani sabe que él solo no es capaz de conseguir un móvil. Por mucho que ahorre no podrá pagar todo el coste.

-¿Me podéis comprar un móvil?

-Papá y mamá se miran. Papá pregunta:

-¿Y para qué quieres un móvil?

Atención a la respuesta de Dani, porque no tiene desperdicio:

– ¡Es que todos mis amigos tienen móvil!

No está respondiendo a la pregunta, simplemente está informando de la situación…

– ¿Y?

-Pues que voy a ser el único de la clase que no tiene móvil y se van a meter conmigo… –argumento de peso: ¡la culpa de que yo sea impopular será vuestra, papá y mamá!

Seguramente los padres dirán a Dani que lo pensarán, que se vaya a dormir –porque ya es muy tarde– y que ya verán. Lo primero que le preguntará Dani nada más despertarse es si ya han decidido, incluso habrá pensado en distintas estrategias para conseguirlo:

– Estrategia 1: Insistir hasta cansarles.

– Estrategia 2: Huelga de hambre.

– Estrategia 3: Regalo de cumpleaños.

– Estrategia 4: Premio por buenas calificaciones en el colegio.

– Estrategia 5: Premio por tener ordenado el cuarto, no pegar a su hermana y obedecer siempre a la primera (en la cárcel se llamaría “buena conducta”…).

– Estrategia 6: Pedírselo a la abuela.

– Estrategia 7: Jorge pone a la venta el suyo: puedo ahorrar hasta comprarlo con mi dinero. Y siempre puedo usar la conexión Wi-Fi de casa para actualizar las aplicaciones.

– Estrategia 8: Convencer a mamá de que su móvil está anticuado y que se compre uno mejor y a mí me dé el suyo.

Pero también en la mente de los padres aparecen algunas dudas, relacionadas con las estrategias anteriores:

Duda 1: Se va a poner muy pesado.

Duda 2: No va a obedecer.

Duda 3: ¿Y si esperamos a su cumpleaños?

Duda 4: Podemos dárselo si estudia más y obtiene buenas calificaciones…

Duda 5: Podemos aprovechar y si mantiene sus cosas en orden a lo mejor…

Duda 6: Si no se lo compramos, seguramente tu madre se lo compra…

Duda 7: ¿Y si se lo compra a escondidas? Eso sería mucho peor…

Duda 8: De todas formas, yo cambiaré de teléfono pronto. Le puedo dar el mío y yo me compro uno mejor. Así ganamos todos…

Y así podríamos seguir ahondando en la cabecita de Daniel y de sus padres buscando infinitas razones por las cuales intentar conseguir el preciado Smartphone.

Claramente, en ninguno de estos argumentos encontramos lo más importante: ¿Dani necesita un móvil ahora mismo? Si lo necesita, muy bien, perfecto, comprémosle un teléfono. ¿Pero cuál va a ser su uso? Y quien habla de Smartphone habla de cualquier otra cosa. Los padres deben darse cuenta de las verdaderas necesidades que tienen los hijos, y así, sin dejarse llevar ellos mismos por las modas del ambiente, saber lo que realmente hará que sus hijos crezcan con personalidad y sepan actuar de manera responsable. Y para esto, muchas veces habrá que decir que no, aunque cueste.

Diciendo no, fijando los límites, los padres forman un modelo que ayudará al hijo a saber la manera de actuar; estará seguro de su lugar en la familia y comenzará a desarrollar sus propios recursos. Este desarrollo puede conllevar momentos dolorosos, tanto para los padres como para el hijo, pero serán abundantemente recompensados. En los años sucesivos, el niño continuará progresando, a menudo por cuenta propia.

Aquello que le servirá entonces, no será la presencia constante de los padres, sino lo que ha logrado al absorber de su propia experiencia, lo que, de cuanto le han ofrecido, conserva dentro de sí.

Decir que no es un modo de establecer límites y distinciones, creando un espacio entre los deseos, los pensamientos y las acciones. Los niños de la escuela primaria quieren reglas y estructuras. Es más: las necesitan. Les ayudan a tomar distancia de sus sentimientos más fijando los infantiles, que deben mantener bajo control para que puedan concentrarse y aprender. Los niños encuentran placer usando y explorando el lenguaje, la razón y las habilidades intelectuales.

Si el niño más pequeño debe aprender a caminar, a correr, a manejar pequeños objetos, a hacer las cosas con destreza, a dominar la lengua y la comunicación, cuando se va haciendo más mayor, el niño trabaja en un lienzo mucho más amplio, y con un manera de control más fino. Debe hacerse amigos, resolver conflictos, encontrar su propio puesto en el grupo social. Para que pueda hacer esto y se abra a nuevas relaciones, nuevos pensamientos, nuevas capacidades, nuevas cosas que aprender, debe partir de una base segura, de tal forma que no se deje llevar por diversas ráfagas del ambiente y adquiera así su propia personalidad. Se debe sentir un individuo distinto de los padres, debe creer en sí mismo y estar convencido de que el mundo tiene mucho que ofrecerle. Diciéndole no, en la acepción amplia y simbólica en el que se ha usado hasta aquí el concepto, los padres habrán ayudado al hijo a entender quién es él y quiénes son ellos y adquirir la capacidad de decidir cómo relacionarse con el mundo.

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