hadas

Por Dafne Sabag para su clase de Orientación.

Había una vez unas pequeñas hadas que vivían en una hermosa casita hecha del bellotas y flores en lo más alto de un árbol junto al rio. Estas pequeñas hadas se llamaban Bella y Thea.

Bella era muy linda, simpática, risueña, muy juguetona y sobre todo muy respetuosa también pero en cambio Thea, era mucho más traviesa, vanidosa, algo grosera y no le importaba nadie más, más que ella.

Bella era la mayor y desde que sus padres murieron ella tuvo que quedar a cargo de su pequeña hermana (Thea) y enseñarle todo lo que uno debe de saber.

Por esto mismo a Bella le costaba mucho trabajo y Thea no se la dejaba fácil.

Cada que Thea era grosera con las demás hadas, Bella tenía que disculparse pues moría dela pena y se sentía mal de que su hermanita no supiera comportarse y no entendiera el daño que le hacía a los demás así que tuvo que idear algo para hacerla entender que lo que hace no está bien. Siempre iba por la vida insultando a toda aquella hada que no se le hacía bonita o que no tenía una casa hermosa como la de ella sin vergüenza alguna y sin entender las consecuencias.

Un día a Bella se le ocurrió una idea.

Thea tenía una taza favorita en la que cada mañana ella se servía un poco de leche después de despertar.

Una mañana, Bella la llamó a la cocina y cuando Thea llegó y vio que Bella sujetaba su taza favorita muy delicadamente pero de un segundo a otro Bella la soltó y esta cayó al piso. En segundos la taza quedó destrozada en pedazos y Thea se puso muy pero muy triste.

Bella le pidió que la levantara y le dijo que no se preocupara, que volviera a unir esos trozos otra vez. Una vez hecho eso, Thea llegó de nuevo triste con su hermana Bella y le dijo que ya la pegó pero sin embargo ya no está igual de bonita que antes- y con eso Bella le contestó;

“¿Lo ves? Una vez que dañas las cosas por más que las intentes arreglar, nunca quedan igual y esto es lo mismo que pasa con las personas. Una vez que las haces sentir mal, les rompes su corazoncito pero por más que les pidas perdón no queda igual”.

Thea se soltó en lágrimas y desde ahí comenzó a hacer las cosas diferentes.

Aprendió a aceptar a todos tal cual lo merecen.

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